Hay que buscarse un amante

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El regalo de la amabilidad

Cierto día, una profesora pidió a sus alumnos que escribieran los nombres de los otros alumnos en una hoja y que dejaran un espacio en blanco al lado de los nombres. Luego dijo a los alumnos que pensaran en lo más amable/más bonito/mejor que pudieran decir sobre cada uno de sus compañeros de curso, y que lo escribieran a lado de los nombres. Duró toda la hora hasta que estuvieron listos , y antes de salir de del aula le entregaron las hojas a la profesora.

En el fin de semana, la profesora tomó un folio para cada uno de los nombres, y en él copió los comentarios que sobre ese alumno habían hecho el resto de los compañeros.

El lunes le dió a cada alumno su lista . Después de poco tiempo, todos sonreían. ¿ De veras? se les oía susurrar. "¡No sabía que yo le importara a alguien"! y " No sabía que le gustaba a otros" , eran los comentarios. Después nadie volvió a mencionar las listas. La profesora no supo si los alumnos habían comentado entre ellos algo sobre ellas o sobre el tema, ni si se lo habían comentado a sus padres, pero esto no importaba. El ejercicio había cumplido su finalidad. Los alumnos estaban contentos consigo mismos y con los demás.

Unos años después...

Mario Alonso Puig, investigador

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